sábado, 7 de mayo de 2011

Nilaveli I - Trincomalee (Sri Lanka)






Sri Lanka, antigua Ceilán, fue considerada por Marco Polo la isla más bonita del mundo.

Los tigres tamiles, situación política y antecedentes


Los Tigres de Liberación del Eelam Tamil o Tigres Tamiles fue una organización terrorista fundada en 1976 en Sri Lanka, el origen de su organización nace a raíz del sentimiento de discriminación de la minoría tamil , frente a la mayoría cingalesa grupo étnico mayoritario de Sri Lanka (son más de 15 millones de personas, hablan el cingalés, un idioma indo-ario. La palabra Cingalés viene de sinhala, gente león).

Los tamiles intentaron formar un territorio independiente al Noroeste del país, en la península de Jaffna y en la región de Trincomalee y alrededores, donde los tamiles son mayoría.
En 1984 aparecieron grupos armados y se organizó una auténtica guerra civil. En el 2002 el gobierno y la guerrilla tamil pactan un alto el fuego, que en 2005 se ve reforzado al llegar a un acuerdo gobierno y tamiles para repartirse las ayudas oficiales tras el tsunami.




















































El asesinato del ministro de Exteriores tamil, Lakshman Kadirgamar rompe la armonía y desencadena el aumento de la violencia volviendo a un clima de guerra civil.
En el 2006 los tamiles tenían en sus filas casi 20000 guerrilleros y tenían flota naval y algunas naves aéreas , televisión propia, poder judicial, policial…
En el 2009 el Gobierno envió 50000 guerrilleros a los territorios tamiles, estos quedaron relegados en una zona selvática de 200 Km cuadrados. Ese año fue el final de la guerrilla al acabar el gobierno con el líder y fundador de la guerrilla Velupillai Prabhakaran, además de sus comandantes más destacados.

En Julio de 2011 la situación está totalmente controlada como pudimos comprobar en nuestro viaje hacia la región de Trincomalee. Todas las carreteras principales que van hacia el Noreste tienen controles militares y con presencia del ejército gubernamental. La calma parece haber llegado a Sri Lanka y el turismo empieza a renacer con fuerza.



Nuestro vuelo a Colombo (Sri Lanka) salía de Delhi a las 19:15 y llegaría a la capital de Sri Lanka a las 2:05 vía Chennai. De esta manera habíamos descansado en Delhi y habíamos dedicado el día a organizar nuestras recuperadas maletas.






Llegamos a Colombo a la hora indicada y aprovechamos para cambiar euros por rupias srilankesas.
Allí nos esperaba una furgoneta que habíamos contratado con el hotel, ya que viajaríamos de noche a Nilaveli y queríamos asegurarnos un viaje tranquilo. A la vuelta contratamos una furgoneta por nuestra cuenta con uno de los nativos de a Nilaveli y por supuesto nos salió mucho más barata.
La furgoneta cruzaría de Oeste a Este Sri Lanka, hasta llevarnos a Nilaveli (280 Km) perteneciente a la región de Trincomalee.
Habíamos escogido Nilaveli como lugar de descanso después de nuestras anteriores palizas por India y Nepal. Descartamos muchas playas de la India como Goa o Kerala porque coincidía con el monzón en estas fechas.

Escogimos Sri Lanka donde hay dos épocas de monzones. En Julio, en las fechas que íbamos, en el Este hace buen tiempo mientras que el monzón se instala en el Oeste. Así que escogimos las playas del Este, en concreto Nilaveli, ya que allí las aguas son tranquilas y se puede bucear bastante bien. Un poco más al sur de Nilaveli hay playas magníficas como en Chencaladi o Batticaloa, con hoteles cabaña particulares con mucho encanto, pero con olas y playas más surferas.
Además Nilaveli tenía un atractivo muy especial, Pigeon Island, una pequeña isla o islote a un Km mar adentro de las playas de esta población, en concreto a un Km de nuestro hotel que estaba enfrente. Este islote tenía unos fondos coralinos extraordinarios y con multitud de vida animal.








































































Nuestra furgoneta atravesó Sri Lanka mientras nosotros dormíamos. Cuando aparecieron las primeras luces ya no pude pegar ojo, el paisaje de este país es realmente bello y verdoso. El chofer nos señalaba de vez en cuando a algún elefante perdido entre la frondosidad de los árboles. En los márgenes de la carretera aparecían puestos de venta de cocos u otras frutas regentados por nativos. Sacaban sus frutos y cultivos a la carretera para intentar ganar algún dinero. Como en muchos otros países, era una agricultura de subsistencia y autoabastecimiento. Pudimos ver también los primeros sarongs o faldas que usan los hombres nativos de Sri Lanka.
Llegamos a las 6:30 de la mañana al Nilaveli Beach Hotel. Este era uno de los pocos hoteles operativos tras el Tsunami del 2004, su orientación era magnifica y su tranquilidad máxima.

Apartado de la población de Nilaveli y en un reducto playas, vegetación y arena dorada, estaba nuestro hotel.

Allí teníamos media pensión, pensábamos que pasaríamos muchas horas repanchingados, recuperándonos de nuestras palizas anteriores y que prácticamente no nos moveríamos. También nos resarcimos de nuestra dieta de comida india, ya que aquí en el Nilaveli Beach Hotel había también platos europeos.
Nada más dejar las cosas en la habitación nos fuimos a desayunar en el bufet del hotel.
En cuanto terminamos nos fuimos directamente a la playa, muy agradable y de arena suave y dorada. Los fondos inmediatos a la orilla sólo tenían arena, por lo que había que desplazarse bastante mar a dentro para ver algo de vida, pero para eso estaba la isla Pigeon.
A la hora de estar en la playa ya habíamos contactado con algunos nativos para que nos llevaran a esta maravillosa isla y pasar tres horas allí, el precio era de unos 7 euros en rupias de Sri Lanka para los 5, mucho más barato que las embarcaciones del hotel.
Así que sin pensarlo mucho nos embarcamos en nuestra primera aventura en la isla.
Nosotros teníamos gafas y tubos para todos, aparte de aletas y algunos neoprenos, por lo que no teníamos que alquilar material.
Pero de esta isla maravillosa hablaré en un capítulo especial, ya que lo merece.
Sólo diré que cuando volvimos al hotel supe de inmediato que volveríamos más veces a este maravilloso islote, y que me costaría muchísimo realizar cualquier otra incursión por la isla teniendo este parque natural submarino a 1000 metros de distancia.
































































La barca volvió a recogernos a las tres horas, antes habíamos compartido la isla con algunos srilankeses y unos pocos turistas.

Llegamos a la playa del hotel y quedamos para el día siguiente con el dueño de la barca.
Fuimos un rato a las habitaciones y nos dispusimos a comer. Teníamos el desayuno y la cena, por lo que la comida no estaba incluida. Pero el hotel tenía un estupendo restaurante abierto en sus laterales a la piscina y a la playa y bajo un techo pajizo hecho de palmeras.
El Nilaveli Beach Hotel era un restaurante bastante singular en cuanto a su clientela, el 60 por ciento aproximadamente era gente de Sri Lanka, el resto eran turistas de todo el mundo, sobre todo europeos. Los cinco días que estuvimos en el hotel, comimos casi siempre en ese restaurante a pie de playa, donde las vistas terminaban en el gran azul, el Índico maravilloso. El restaurante también estaba rodeado por la piscina y árboles de varios tipos en cuyos troncos asomaban lagartos y camaleones autóctonos además de las pequeñas ardillas que también habíamos visto en la India.































































































Por la tarde nos dividimos entre la playa y la piscina, aprovechamos para leer. Fueron unos días de descanso auténtico, sin tener que buscar un restaurante para comer ni tener que tomar ningún tren o avión. Además nos acostábamos relativamente pronto, ya que el hotel curiosamente no tenía programada actividades o bailes nocturnos. A las 19 horas ya era de noche y un poco más tarde todo el mundo cenaba en el bufet interior.
Al día siguiente repetimos en Pigeon island, como ya he dicho antes tendrá apartado especial en la siguiente entrada o post.
Por la tarde Marga y los chicos se quedaron en el hotel y sus playas y yo alquilé un motocarro para ver la población de Trincomalee más conocida como Trinco y algunas zonas más, como las aguas termales de Kanniyai.
El hotel estaba fenomenal, pero después de dos días ya tenía suficiente recuperación y me llamaba la aventura y las ansias de ver mundo nuevo.






Era divertido viajar en el motocarro sintiendo el aire en la cara, además podía decirle al conductor que parar un momento para hacer fotos de algo que me interesara.
En primer lugar fuimos a visitar las aguas termales de Kanniyai. En la entrada un monje con sus ropas anaranjadas leía un libro sentado en una silla y observaba a todo aquel que entraba en las termas. Accedimos al recinto propiamente dicho, allí siete surtidores de forma cúbica a modo de pozos contenían un agua cálida. En ese momento unos jóvenes se echaban cubos por la cabeza, algunos en bañadores otros con el sarongs típico srilankes. No había mucha gente en ese momento y aunque sólo había hombres son unas aguas termales mixtas. Según la leyenda los baños se crearon debido a Vishnu y otros creen que sus orígenes provienen del rey Ravana del poema épico Ramayana.
Mi momento de visita no era el adecuado ya que lo ideal es ir por la mañana donde muchos peregrinos se bañan antes de ir a adorar a Kovil Tirukoneswaram en el fuerte de Trincomalee.
Como en muchos baños termales, estas aguas se supone que tienen propiedades curativas, asociadas sobre todo con la artritis y el reumatismo.

Había muchas cosas que ver en Trincomalee, pero mi prioridad no eran los monumentos y edificios emblemáticos, ya había tenido suficiente ración de ellos en India y Nepal. Mi prioridad eran sus paisajes, gentes y su población, unas gentes tranquilas y amables, más reposadas que en la India.
En realidad toda la isla es tranquila y sosegada, cada pueblo , cada aldea. Ayuda a verlo así sus hermosos y verdes paisajes.


























































Nos dirigimos luego al núcleo urbano de Trincomalee, compré algo de bebida en unas de las tiendas cerca de las casas de pescadores, no pude resistirme y me adentre por la playa donde trabajaban reparando redes o simplemente estaban sentados a las puertas de sus casas.
Allí vivían muchísimos pescadores en casas bajas frente a la playa, casi todos con su sarong azul a cuadros característico. Aparte de reparar redes también arreglaban o pintaban sus barcas.
Pero lo primero que llamó mi atención fue un intenso partido de fútbol que disputaban los hijos de los pescadores, bajo el sol suave de la tarde.
Me acerque a un grupo que jugaba a las cartas y sonreían ante mi insolencia de tirarles fotos, me preguntaron por mi procedencia y al contestarles que era español enseguida me nombraron a la selección española, el campeonato ganado apenas unos días antes estaba todavía presente en sus mentes. Reímos un rato y me despedí.


Un poco más allá un hombre zurcía sus redes ayudado de sus pies. Me encontré varios en esa misma faena. Casi todos tenían los ojos rojos, a sangre y fuego, quemados por la sal del mar, imagino interminables horas faenando. Más tarde me diría en conductor que el alcohol también tenía que ver con este aspecto.
Hombres de aspecto rudo con la piel quemada el mil batallas marinas, en interminables jornadas de sol a sol, lo único que han conocido seguramente.
Aunque al conductor del motocarro le dije que me esperara por media hora, estuve más de una hablando y haciendo fotos.
Seguían riéndose con mi actitud atrevida, eran amables y cuando les decía que me miraran, alzaban la cabeza y posaban orgullosos para mí.
Otro grupo que jugaba a las cartas me invitó a té y yo acepte encantado de su cordialidad, estaba muy rico aunque un poco fuerte. De nuevo el fútbol, la selección española, el Real Madrid y el Barcelona. Hace muchos años sólo preguntaban por el Madrid, pero después de las últimas décadas gloriosas del Barcelona, este último era tan conocido o más que el primero.
Seguí andando y encontré a unos pescadores practicando la pesca de arrastre desde tierra. Es una pesca humilde y nada industrial. Aparte de sus salidas en barco para faenas mayores, en muchos países con menos desarrollo es fácil observar este tipo de pesca al caer la tarde, es un complemento más a sus jornadas de pesca más exigentes. El sistema consiste en extender unas redes de unos 200 metros de longitud o más con pequeñas barcas a unos 500 metros o menos de la costa. Estas se sujetan a la superficie con pequeñas boyas. A última hora de la tarde las barcas primero repliegan las redes y luego se recogen desde tierra por los pescadores, que van tirando progresivamente dispuestos en filas sobre la playa.
Me dijeron que tardarían 20 minutos más en sacar las redes, así que les hice unas fotos y seguí mi recorrido por la playa, hablando con más pescadores.
Cuando volví ya habían sacado las redes para mi decepción, aunque me dijeron que no habían obtenido nada. De todas formas tendría otro día en las playas cercanas al hotel para ver una faena completa y esta vez con captura.







































































Desandé mi camino y volví al motocarro, allí me esperaba el conductor.
Después estuve trasteando por algunas tiendas, hasta que llegué a la lonja de Trincomale, al lado de la torre del reloj. No me lo pensé, tenía curiosidad por ver el trasiego del pescado. Allí iban trayendo pescado de las faenas que terminaban y los pesaban en las básculas, otros hombres pugnaban por comprar la mercancía recién pescada. Casi todo eran atunes de tamaño medio con una pinta estupenda. De nuevo reían divertidos ante el reportero improvisado, me ofrecieron pescado por si quería comprar.
En ese momento aparecieron varios pescadores que traían tres cestas repletas de atunes. Enseguida se dispusieron a pesarlos después de haberlos desparramado por el suelo.
Un hombre de hechuras considerables con el sarong a modo de falda parecía dirigir todo con energía y buen humor. La falda le daba un aspecto divertido en contraste con tan imponente aspecto.
Después de la lonja tuve tiempo todavía de ver el Kali Kovil Temple, un templo hindú de arquitectura recargada y colorida. Justo en la entrada preparaban un gran perolo de comida y en el exterior la gente estaba sentada en sillas escuchando a un predicador en una gran pantalla.

Volví al hotel y acordé con el conductor del motocarro otra visita a Polonnaruwa y Sigiriya. Resulta que el conductor tenía también una furgoneta para viajes más largos, en ella volveríamos a Colombo el último día.

Llegué al hotel Nilaveli Beach. Marga, Miguel, Pablo y Hugo no habían perdido el tiempo, habían alternado playa y piscina e incluso había asistido a una exhibición en la misma playa donde un hombre se mostraba con una pitón y los turistas se alternaban para cogerla.
Aproveché para darme el penúltimo baño en la playa y en la piscina porque después de cenar volvimos a bañarnos en la piscina, iluminada por focos en sus paredes.
La cena (bufet libre) había ofrecido platos más europeos con mezcla de autóctonos, había también mucho pescado fresco, multitud de ensalada y crustáceos de todo tipo, incluyendo bueyes de mar y centollos.
Como he dicho disfrutamos de la piscina por la noche, y no éramos los únicos, ya que varios niños jugaban a esas horas. Hicimos un poco el cafre “los pequeños” y yo antes de irnos a nuestras habitaciones.
Era un auténtico descanso después de nuestros ires y venires de allá para acá por la India y Nepal.
Tiempo para el relax, el sol, el buceo, la meditación, delante el gran y bellísimo gran azul, el imponente Indico. Me gustaba contemplar cada noche ese azul, entonces ya negro. Estaba ahí, esperándome para otras inmersiones, me miraba y me esperaba, y yo a él.










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