sábado, 23 de abril de 2011

Jaipur





A las cinco de la mañana llegamos a Jaipur algo entumecidos después de unas 11 horas en tren. Así que lo primero que hicimos fue darnos un homenaje con un buen desayuno. A estas alturas el cansancio se iba acumulando y era el momento de dar prioridad a nuestras apetencias, que no eran otras que sentarnos a ver pasar a la gente mientras alimentábamos a nuestros maltrechos cuerpos.

Jaipur hace honor a su fama de ciudad congestionada y abarrotada. Estuvimos dudando cuando planificamos nuestro viaje si incluir Jaipur en nuestro periplo, habíamos oído opiniones encontradas de todo tipo. Al final decidimos parar por aquí.
Jaipur es la puerta de Rajastán, o la salida si uno hacía el recorrido inverso.
Jaipur fue fundada y construida por el marajá Jai Singh II (1699 – 1743).
En 1876 el marajá Raj Sinng mandó pintar de rosa la ciudad (color asociado aquí a la hospitalidad) ante la visita del Príncipe de Gales, que más tarde se convertiría en el rey Eduardo VII.





















































La ciudad está repleta de bazares por todos lados y es fácil ver camellos tirando carros pesados de piedras o maderas.
El primer lugar que visitamos después de desayunar fue el Palacio de los vientos o Hawa Mahal, construido en tierra caliza rosa. De arquitectura rajputa se asemeja a una colmena y fue construido en 1799 por el marajá Sawaj Pratap Sing para que las mujeres de la casa real contemplaran la vida y procesiones de la ciudad.
Dejamos el palacio de los vientos y contemplamos la Puerta de Tripolia, justo al lado el bazar del mismo nombre.
Jaipur es un buen lugar para comprar alguna piedra semipreciosa a buen precio.
Trapicheamos en un par de tiendas, buscábamos algo especial y nos decidimos por un topacio, después de varios regateos lo dejamos en el aire. Como en muchos países es tradición ofrecer al cliente, compre o no, un té mientras se ofrece la mercancía o muestrario. Allí estábamos metidos los cinco a refugio del horrible calor, con el maravilloso aire acondicionado de la joyería. Nos despedimos cortésmente con algo de culpa al no haber comprado.
Al cabo de un rato entramos en otra tienda y compramos un topacio engarzado a mucho mejor precio que el ofrecido en la otra tienda, en esta sin aire acondicionado y sin té. También compramos otro colgante circular a modo de moneda con un dibujo hecho a mano del buda Shidarta realmente precioso, con ribetes de pata y bastante económico para lo que es Occidente.
Pasamos frente a un Mcdonald y decidimos comer en él, cada Mc era una variante a la multitud de comidas indias que ya habíamos engullido. Fuera varios niños pedían limosna, el contraste era brutal, grandes fotos publicitarias de helados gigantes y hamburguesas en las cristaleras, y a través de ellas se podía ver la miseria más absoluta. Dos mundos separados por un cristal.



























































Nuestra parada en Jaipur incluía la visita al Jal Mahal o Palacio sobre el agua. A estas alturas del viaje estábamos realmente cansados, y nuestra parada en Jaipur era simbólica, ya que el viaje de Jaisalmer a Delhi era larguísimo, así que decidimos parar en esta ciudad para hacer un alto en el camino.

Sí teníamos claro que queríamos ver el Jal Mahal, para nosotros la joya de Jaipur, se encuentra situado a ocho kilómetros al Norte de la ciudad. Se supone que este palacio se refleja sobre el agua, sobre todo en época de monzones, y aunque estábamos en plena temporada no había llovido casi nada durante nuestro viaje por la India y Nepal en julio. Aun así había la suficiente agua como para que resultara majestuoso en medio del lago Man Sagar.
Siempre hay que advertir que el entorno puede estar un poco desangelado y poco cuidado, incluida algunas zonas sucias, pero esto ocurre en muchos lugares de la India.
Varias vacas vagan por las orillas del lago comiendo los verdes pastos que por allí abundan, al igual que varias garzas otras variopintas aves. Las montañas verdes que rodean el palacio realzan más su belleza.












































El Palacio sobre el agua o Jal Mahal de estilo Rajputa, fue construido como residencia o palacio de verano por Sawi Pratap Singh en 1799 y su lago es fruto de la mano de obra humana y no de la naturaleza, ya que se construyó una presa entre dos montañas.
Es realmente precioso sobre todo si se ve al amanecer o a la puesta de sol.


Al volver al centro de Jaipur paramos a comprar agua, en el puesto de al lado un hombre planchaba grandes montones de ropa con una plancha de carbón. Se abría la tabla por arriba y se echaba carbón incandescente. Estuvimos curioseando un rato ante tan antiguo sistema. Y a punto estuvimos de comprarle una de sus enormes planchas, pero pensando en su tamaño y peso desistimos.
A estas alturas de viaje necesitábamos descanso y anhelábamos y deseábamos estar en la playa de la tranquila Nilaveli (Sri Lanka). Pronto partiríamos para Delhi y de allí volaríamos a Colombo, donde durante cinco días repondríamos fuerzas y comeríamos algo mejor, serían además cinco días completos, sin contar los trayectos.
Sri Lanka nos esperaba y nosotros a ella.
































Tomamos el tren Jaipur-Delhi alrededor de las 6 de la tarde. Sería nuestro último viaje en tren, un viaje relativamente corto ya que llegaríamos a Delhi a las 22:40. En esta ocasión viajaríamos en de la clase AC chair, asientos confortables con aire acondicionado. Se llama sí porque se supone que sus asientos son como los de los coches. La clase AC chair se encuentra en un número de trenes que circulan durante el día "interurbanos" por ejemplo Delhi-Jaipur, Delhi, Agra, Delhi Kalka para Simla. Allí entre otras cosas nos dieron de comer varias veces y varios tipos de comidas, desde meriendas, cenas, té, café dulces, agua y más comida, todo incluido en el precio del billete. Era un constante trajín de camareros sirviéndote. Al final esperan una propina.
Fue bastante divertido ya que íbamos en un vagón repleto de gente que no paraba de comer y parecían animados.
En Delhi aparte de nuestro cambio de rumbo hacia las cálidas playas de Sri Lanka, nos esperaban nuestras maletas perdidas, donde entre otras cosas teníamos material de playa y buceo, y sobre todo nuestras ropas. Las sandalias los niños, sus bermudas, camisetas, casi toda la ropa de Marga. Nos habíamos apañado comprando algo de ropa pero la verdad es que sobre todo los mayores apenas habían tenido unos vaqueros y sus zapatillas recocidas para los calores de allí.
Ahora el tren circulaba rápido hacia Delhi. A las 19:15 del día siguiente tomaríamos el vuelo a Colombo con escala en Chennai. Tendríamos un día entero para descansar y preparar nuestro equipaje al paraíso.



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