domingo, 27 de febrero de 2011

Ranakpur, donde los templos tienen alma





A las 8:30 de la mañana nuestro taxista esperaba a las puertas del hotel. Nos esperaba un largo viaje por carretera hasta Jodhpur, pasando antes por el templo de Ranakpur.
Era nuestro quinto viaje por carretera, a diferencia del tren el automóvil proporcionaba un contacto más directo con la población, ya que además de ver el paisaje íbamos atravesando pueblos y se veía a la gente por la carretera o caminos. Si algo nos interesaba le decíamos al taxista que parara.

Una de las primeras cosas curiosas que observamos fue la gran cantidad de camellos que transitaban por los arcenes. Eran llevados en grupos de 10 a 20 por gente que parecían nómadas. Cuando paramos una de las veces al lado de un grupo numerosos de camellos, una mujer que lideraba a los animales nos amenazó con una larga pértiga de madera, la misma que utilizaba para doblegar a los camellos.
Nuestro viaje hacia Jodhpur y posteriormente más al Oeste de la India, llegando hasta Jaisalmer frontera con Pakistan, nos adentraba en zona desértica. Por lo que a partir de ese momento no sería infrecuente encontrarse con camellos en cualquier lado.




Otra de las curiosidades que se veían en esta zona de Rajastán eran hombres solitarios pastoreando rebaños de ovejas. Todos vestían igual, ropas blancas y un turbante totalmente escarlata.
A pesar de que nos encaminábamos a zona desértica, el paisaje todavía aquí era montañoso y verde como en Udaipur. Los 90 kilómetros que nos separaban de Ranakpur se hicieron entretenidos y vistosos con el tipo de gente que vimos en los caminos y pueblos y con los paisajes especialmente bellos.
En uno de esos pueblos paramos para comprar algo de picar y bebidas, y por supuesto no faltó el momento de tirar alguna foto. Allí en aquel pueblito había algunos hombres con turbantes coloridos, entre ellos un pastor con uno escarlata con expresión soberbia y enigmática. Por supuesto todos los hombres con bigote, aquí en Rajastan todos lo llevan desde que pueden.


Llegamos a las inmediaciones del templo de Ranakpur donde el verde terreno se hacía más escarpado. Apareció ante nosotros el majestuoso templo, casi obligado a esconderse entre la naturaleza.

El entorno le es propicio a Ranakpur, entre montañas verdes, solitario y escondido. Todo un remanso de tranquilidad.











































































Cuando llegamos todavía no estaba abierta la entrada para los turistas (12 AM) por lo que dimos una vuelta por los alrededores y aprovechamos para ver los otros dos templos anexos al principal, dedicados a Neminath y Para Snath y el templo del Sol.
Cuando llego la hora de entrar al templo principal o Chaumukha Mandir, tuvimos que ponernos pantalón largo y cubrirnos los hombros. Las cámaras de fotos estaban permitidas pero no las de video, aunque como cualquiera sabe una cámara compacta te permite grabar video sin despertar sospechas.

El Chaumukha Mandir o templo principal es una maravillosa construcción de arquitectura Jainí, construido en mármol blanco y muy ornamentado. Constituido de 29 salas y 1444 columnas diferentes hacen que este templo sea único en Rajastán y en el mundo. Su labrado interior es de gran finura y detalle.
El templo de Chaumukha Mandir o de las cuatro caras fue construido en 1439 en honor a Adinath. Tiene planta cruciforme y cuatro entradas, una por cada lado, que conducen después de atravesar los vestíbulos colmados de columnas a una cámara principal o central con la imagen de Adinath.
Las hermosas columnas y sus bellísimos capiteles sujetan los techos coronados por cinco cúpulas.
Me atrevería a decir que es el templo más hermoso que vimos en la India con permiso del Taj Majal.






Ranakpur respira tranquilidad por cada piedra, el contexto es extraordinario, lleno de montañas y verde. La arquitectura es de una armoniosidad sublime, se diría que el templo tiene Karma propio.

Ya las escalinatas que te reciben son largas y majestuosas. Habíamos visto imágenes de este templo en Internet, algunas preciosas, a veces la realidad es otra. Pero en esta ocasión la realidad superaba lo visto o adivinado con anterioridad.

Nada más entrar al templo, después de subir las escaleras, la primera impresión es maravillosa. 1444 columnas de mármol, todas labradas de diferente manera, son abrumadoras.
Entre las columnas, los saris coloridos le daban las pinceladas perfectas a la escena. La luz entraba de una manera natural de manera cenital y lateral. En algunas zonas era una luz fuerte y directa, en otras esta estaba tamizada por las paredes, techos y columnas del propio templo y su color era un filtro naranja amable y acogedor que confería al templo un halo mágico.




Este templo era realmente precioso por fuera y por dentro, casi me atrevería a decir que divino.
Hugo jugó lo que pudo entre las columnas, incluso se subió a un elefante de mármol cuya representación está presente por fuera y dentro del templo, de hecho hay gran cantidad de esculturas.
Los techos son decorados con paneles geométricos, mientras que las cúpulas son ornamentaciones concéntricas. Estas bóvedas estaban labradas con trabajos de gran finura.
La de la parte central del templo era de una grandeza y soberbia magistral. Por otra parte en el templo abundan las representaciones de figuras de diosas danzantes.

Cuando dejábamos el laberinto de columnas para buscar la periferia del templo, donde este se abría al exterior en una especie de balcones, sólo se veían montañas verdes y cielo azul, todo en silencio. Ese día no seríamos más de 30 personas, por lo que la tranquilidad estaba asegurada.
Una atmosfera especial que invitaba a la meditación.
Salimos del templo con la sensación de haber visto un lugar único, perdido en el silencio en el espacio y en el tiempo.



























































Continuamos nuestro viaje, todavía quedaba bastante trayecto. El total era de 266 Km y sólo llevábamos 90 Km, y no era mucha la distancia pero con las condiciones de algunos tramos de carreteras en la India se convierten en el doble en cuanto a tiempo.

Recorrimos más pueblos y campos, vimos labradores y gente con ganado, mujeres solitarias, pastores con sus ovejas, caravanas de camellos, hombres en bicicleta, recogedores de leña, mujeres cosiendo, niños jugando, niños trabajando, hombres cosiendo, zonas verdes, áridas, piedras, rocas, más turbantes coloridos, más saris pintorescos, más carretera y polvo, fuentes con mujeres llenado vasijas y bidones, bueyes bebiendo, ríos y veredas, árboles y más niños tirando piedras al cielo y al sol…



De vez en cuando parábamos para comprar bebidas o algo de picar, normalmente patatas fritas y algo de fruta buenísima a precios ridículos.

Fueron pasando los kilómetros y los caminos, las gentes y los campos, los turbantes y los saris en una sucesión sin fin de mundo diferente, casi todos dormitábamos a ratos en el taxi, pero para mí casi era imposible. Todo era tan bello y diferente, la música hindú sonaba en el taxi acompañando a aquella visión.

¿Cómo perderse un solo segundo?

En momentos así era cuando una vez más era consciente de lo maravilloso que es conocer otras tierras y gentes. Un punto de vista diferente de todo, otras "verdades". Hay tantas...
Y todas tienen dueño, cada uno sabe que la suya es la verdadera verdad.

Todas las verdades son tus verdades, diferentes a las de los demás, cuyas verdades también son más verdades
(gracias por tu inspiración).

Bueno ya me salió la vena filosófica, con tanto templo y tanta mística.



















































































Llegamos a las afueras de Jodhpur y pudimos observar multitud de muebles Indios de madera,
colocados en los márgenes de las carreteras o avenidas de entrada a Jodhpur.
Carros antiguos, cofres pequeños y grandes con revestimientos preciosos, figuras de animales, cómodas de colores increíbles, mesas bajas y altas, columnas labradas de todos los tamaños y colores, puertas de madera con mil motivos diferentes., vigas, sillas, marcos de cuadros, cuadros, estatuas, lámparas de pie y de techo, tarimas decoradas y labradas, juguetes antiguos.

Podría seguir describiendo mil utensilios más, de tan abrumadora visión, Además la sensación que daba era la de un campo de color o barricadas de muebles flanqueando la carretera. Como muchos de estos eran muebles verdosos, azulados, escarlatas, amarillos albero, la sensación de belleza era mayor. Tenemos que reconocer nuestra debilidad por este tipo de muebles, tanto a Marga y a mí nos gustan muchísimo, aunque en España los precios son prohibitivos. Seguramente de Jodhpur vendrían muchos de esos muebles que luego veíamos en nuestro país, aquí estarían aprecios ridículos, pero eso no lo averiguaríamos porque no paramos en ninguno de los pequeños almacenes que hacían de tiendas.
































Proseguimos hasta el mismísimo centro de Jodhpur ya que nuestro alojamiento ( Haveli Guest House) estaba situado a 100 metros de la torre del reloj y del famoso y fantástico mercado de Sadar, todo en pleno casco antiguo.
Ya desde lejos habíamos visto la inmensa fortaleza que corona esta bella ciudad, salpicada a sus pies por las vistosas casas azules, como una falda caprichosa que viste y rinde pleitesía al fuerte Meherangarh de la ciudad.

Pero esta es otra historia...



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