jueves, 6 de enero de 2011

Orchha - India




Dejamos Khajuraho dirección Orchha y fuimos atravesando grandes áreas naturales cruzando de vez en cuando alguna pequeña población.
Hugo y alguno más durmieron durante el recorrido. Después de varias horas, el taxista era casi parte de la familia. En el precio pactado no se incluían los peajes que pasamos, a pesar de que todo eran carreteras de un carril por sentido.

Antes de llegar a Orchha nuestro taxista nos sondeó acerca de los hoteles donde pretendíamos alojarnos. En Orchha, donde pasaríamos dos días, queríamos un hotel con ciertas comodidades después del hotel a pie de ghats de Varanasi, que no nos había ofrecido ninguna. Así que el taxista al oír nuestras pretensiones nos ofreció otras tres posibilidades más. Nos dijo que él nos llevaba sin compromiso a ver esos hoteles y si no nos agradaba el recinto o el precio nos llevaría sin ningún problema a ver los que nosotros habíamos ojeado por Internet.

Le dijimos al taxista que de acuerdo, teníamos experiencias en otros países donde nuestro alojamiento final había mejorado bastante gracias a un buen consejo y cambio de última hora.



Mientras recorríamos los últimos kilómetros después de haber parado a comprar agua y bolsas de patatas fritas, estuve ojeando algo a cerca de la historia de Orchha. Esa fantástica población llena de palacios, templos, cenotafios, tumbas, jardines y albercas con una isla fortificada y rodeada por dos ramales del río Betwa.



























































HISTORIA DE ORCHHA

Orchha es una pequeña población con una enorme fortaleza palaciega, esta última rodeada con una muralla con almenas en dos brazos del río Betwa.
Situada al Norte de Madhya Pradessh, fue capital de los rajás Bundela desde el S. XVI hasta 1783.
Fue fundada en 1501 por el príncipe de la dinastía Bundela Rudra Pratap Sirgh, convertido en primer rajá de Orchha. Este fue el inicio de la construcción del fuerte de Orchha.
El templo Jahangir Mahal fue construido por la reina de Orchha en la época de Akbar. El templo Real o Raj Mandir lo construyo Madhukar Shah durante su reinado.
Los palacios, albercas y jardines eran objetivos diplomáticos, ya que los rajás hinduistas de Orchha invitaban a emperadores mongoles musulmanes a toda clase de placeres sensuales y con ello mantenían contentos a los rivales.
Orchha tiene mezcla de varias artes artísticas; Islamicamongol y arte tradicional hindu.
El mayor apogeo de Orchha transcurrió durante el dominio del emperador Mongol Jahangir, cuando su aliado Bir Singh Deo reinó en Orchha (1605-1627).





































































Llegamos a las inmediaciones de Orchha, donde el paisaje se vuelve más verde aun gracias al riego del río Betwa. El taxista cumplió su palabra y nos enseño el primer hotel de su repertorio. No nos gustó. El segundo nos dejó de piedra, ya que era la antigua residencia del marajá de Orchha.
El hotel Bundelkhand Riverside se remonta 400 años atrás y fue antigua residencia de un maraja (maharajá), tenía una decoración preciosa, llena de celosías, dorados, puertas maravillosamente adornadas, múltiples chimeneas. Las grandes habitaciones estaban orientadas a un jardín con un santuario a Hamuman de 2000 años de antigüedad, por el otro lado las habitaciones tienen unas terrazas que miran a los palacios de Orchha y al río Betwa. También contaba con una piscina, entre palmeras, que en esas condiciones de calor era la octava maravilla.





El hotel estaba a unos 800 metros al Norte de Orchha y eso era un contratiempo, pero el lugar tenía un encanto especial, a la orilla del río Betwa y con unas buenas vistas de Orchha y sus palacios desde un lugar diferente.
De todas formas estábamos a dos minutos de “toc toc” del centro de Orchha, y no creo que necesitáramos estar todo el día metidos en el núcleo poblacional.
Regateamos con el dueño y director del hotel y llegamos a muy buen precio por dos habitaciones con desayuno incluido para el tipo de hotel que era 3200 rupias (entonces 52 euros al cambio), unos 10 euros por cabeza. Sí, ya sé que seguramente puedes dormir por 5 en cualquier hotel inferior, pero teniendo en cuenta que en Varanasi sólo tuvimos sábanas bajeras. Este precio estaba tirado.
Aun así fuimos a ver uno de los hoteles que nosotros habíamos mirado para alojarnos, el Orchha Resort Garden, justo al lado de los ghats del rio Betwa y los cenotafios. Resulto muchísimo más caro y sin posible regateo, y creo que con menos encanto que el primero. No perdimos ni un minuto más y nos instalamos en el Bundelkhand Riverside.
Dos sensacionales y grandes habitaciones decoradas con estilo “marajá” hindú nos esperaban. Los jardines eran fantásticos y todas las habitaciones tenían vistas del río y los palacios de Orchha.


























































Miguel, Pablo y Hugo no tardaron ni un minuto en meterse en la piscina, para mitigar el monstruoso calor, mientras marga y yo colocábamos nuestras pertenencias. No tardé mucho en unirme a los niños en la piscina, en ese momento para nosotros solos… en realidad casi todos los momentos.
El restaurante de techos palaciegos era también elevadísimo y muy particular. Ese día a una hora y media del ocaso cenaríamos en el restaurante del hotel y descansaríamos para aprovechar todo el día siguiente.
Antes exploramos las orillas del río y cruzamos al otro lado por un puente que había, hicimos algunas fotos y volvimos a la piscina.
En el restaurante había una carta con sus correspondientes precios, lo que ayudaba a no asustarse, ya que alrededor de nuestra mesa se colocaron cinco camareros a nuestra disposición. Si no hubiera sido por la carta, a unos precios aceptables, hubiéramos salido corriendo de allí pensando en un autentico sablazo. Pero simplemente era la manera de trabajar del personal del hotel, debían estar a la altura de la antigua residencia del marajá. Aunque Miguel, Pablo y Hugo se echaron unas buenas carcajadas a costa del servicio y su constante presencia a nuestro alrededor.




Por la mañana temprano después de desayunar, nos dirigimos en “toc toc” al centro de Orchha.
Según nos acercamos los palacios se fueron haciendo más grandes a nuestros ojos y pudimos ser conscientes de la belleza del conjunto de esta población, y no me refiero sólo a los palacios y templos, la tranquilidad y el encanto de Orchha es especial y su disposición espacial muy singular.
Mirada desde arriba en un mapa de Norte a Sur, distinguiríamos dos partes claramente diferenciadas: el núcleo de población principal a la izquierda, donde se asienta también el templo de Chaturbhu y el Ran Raja temple además de multitud de tiendecillas y puestos.

La otra parte, a la derecha de la anterior, es la formada por la cuidad palaciega, con de templos y palacios rodeados de murallas almenadas, donde destacan el Jahangir Mahal y el Raj Mahal.


Toda esta fortaleza está rodeada por dos brazos del río Betwa que discurre de Sur a Norte, por lo que queda dentro de una isla dentro del río.
El brazo más delgado es el que rodea a la isla fortaleza por la izquierda y la separa de la población de Orchha propiamente dicha, por lo que para acceder desde esta a al conjunto palaciego de la isla, se hace a través de un puente multiojival.



























































El otro brazo que rodea a la isla por su derecha es mucho más caudaloso y más ancho.
En realidad en la zona de Orchha el río Betwa se divide hasta en cinco brazos o ramales que se quedan en tres en época de premonzónica; uno delgado y dos gruesos, entre el primero y uno de los últimos está enclavada la isla fortaleza palaciega.
Como he dicho antes, en esta isla nos encontramos con el Jahangir Mahal (palacio de Jahangir) y el Raj Mahal (palacio del rey).

Justo donde se origina la división del río Betwa al Sur de la isla, hay otro puente de múltiples ojos, y unos metros más al Sur en el margen izquierdo de la misma orilla del núcleo de población, se encuentran los ghats del Betwa que anteceden a los bellísimos cenotafios.

A esa primera hora de la mañana, Orchha despertaba con la tranquilidad y sosiego de una pequeña población de viviendas sencillas y gentes amables.




Hay una calle principal que recorre Orchha de Norte a Sur siguiendo en paralelo el ramal delgado del río Betwa que lo separa de la isla fortaleza. Esta calle tiene numerosos ciber, tiendas de bebida y de comida y algún cajero.
Pero el punto más relevante de Orchha población es la prolongación del puente que viene de la isla fortaleza. Esta prolongación está llena de restaurantes y tiendas de todo tipo. Siguiendo esta calle-prolongación se llega a una especie de puerta o pórtico gigante que atraviesa un edificio rosa y pálido que da lugar a una plaza que está limitada según se entra, por el Chaturbhuj temple a la izquierda y el Ram Raja temple al frente. Ram Raja lo visitamos fugazmente y nos pareció bastante simple y sin encanto, sin embargo el Chaturbhuj tenía más atractivos y lo visitaríamos por la tarde.























































































Nosotros nos disponíamos a recorrer las calles y plazas en primer lugar.
A esas horas, en esa calle y también en la plaza, multitud de puestos con sus respectivos compradores. Puestos de comida, collares, frutas, bisutería, bebidas, frituras, bollería india. Todo ello entre vacas “pastando” a su antojo y grupos de santones sentados que hablaban entre ellos. Cerca, bellas mujeres con sus coloridos saris comprando o vendiendo.

El ambiente invitaba a pasear y perderse en sus callejuelas. Después de Varanasi se agradecían las pequeñas poblaciones donde no te asediaban.
Hugo se entretuvo muchísimo en un puesto donde se vendían múltiples y coloridos tintes en polvo para teñir ropa, cada uno en su correspondiente recipiente a modo de gran plato hondo. Eran tan llamativos los tintes y tan colorida la escena, que sin querer toda la atención quedaba subyugada a esos platos. Y por supuesto Hugo no iba a ser menos, hipnotizado por el deslumbre de aquellos fantásticos colores: amarillos que iban del más básico al color albero, rojos, malvas maravillosos, azules cielo, mar, cobalto, naranjas, verdes. La intensidad cromática saturaba los sentidos. Así que estuvimos un buen rato observando hasta que Hugo se cansó.
Después de este primer encuentro con la población de Orchha nos fuimos a sacar dinero de un cajero de la calle principal. Desde allí cruzamos el puente sobre el ramal del río Betwa para visitar la isla fortaleza.



























































Nuestra primera incursión dentro de la fortaleza fue la visita al palacio real o Raj Mahal. Aunque el interior está un poco desangelado exceptuando algunos bellísimos frescos en algunas paredes, merece bastante la pena por el conjunto, sus patios, sus escaleras y recovecos y azoteas.
Tiene el palacio un ingenioso sistema de ventilación natural a través de estrechos “pasillos de viento” donde este coge velocidad y sale bastante frío después de recorrer los vericuetos y entrañas del palacio.
Nos colocamos delante de una de esas salidas de aire de unos 40x60 centímetros procedente de la parte elevada de la azotea. Era sorprendente la fuerza con que el viento bajaba y sobre todo lo frío que salía en comparación con el calor reinante.
Dentro de la belleza del palacio lo más sobresaliente son las impresionantes vistas que se tienen de todo Orchha, incluido el río Betwa y los cenotafios.
Un guía espontáneo nos ayudo a recorrer las diferentes dependencias del palacio.
A continuación visitamos el Jahangir mahal, para mi más bonito por sus diferentes cúpulas o agujas y los pequeños toques azulados en su fachada, además de que su arquitectura parecía más elaborada y menos básica, que el palacio real. Igualmente destacaban sus vistas asombrosas e imprescindibles sobre Orchha.



Cuando salimos de los templos volvimos a la calle principal donde dejamos a Miguel y Pablo conectados a un ciber donde chateaban con sus amigos. Mientras Hugo, Marga y yo nos encaminaríamos al puente Sur sobre el Betwa y los cercanos ghats y sus cenotafios de impresionante belleza realzados por el río.
Por allí campaban niños en grupos que se dedicaban pescar o se bañarse en el río o simplemente vagabundeaban. No faltaban algunas mujeres lavando la ropa en los ghats.
Volvimos al hotel y nos dimos otro chapuzón además de pasar las horas más calientes del día (en realidad, todas) al cobijo de A.A. de la habitación.

Bueno, no todos, Pablo y yo nos fuimos a explorar los alrededores del río Betwa, justo al lado del hotel.
Al estar a casi un Km de Orchha esta parte del río destacaba por la ausencia total de casas y población, por lo que la naturaleza era la única compañera del río.
Cruzamos el río, saltando primero entre rocas gigantes y después a través de un corredor de piedra mitad puente mitad mini presa con diferentes hendiduras que dejaban pasar el agua.





A unos 300 metros tierra a dentro, ya en la otra orilla había una especie de pequeño templo en ruinas que emergía aislado totalmente del resto. En realidad Orchha dispone de muchísimas construcciones en ruinas dispersas por sus alrededores.
Pablo y yo disfrutamos bastante explorando este templo, subimos al piso de arriba por unas escaleras precarias y asomándonos por sus aberturas y enormes grietas. Imaginábamos que algún tesoro escondido podía estar entre las piedras de esa solitaria construcción y que nosotros podríamos descubrirlo. Esta parte imaginaria es tradición en la familia siempre que exploramos ruinas o casas abandonadas. Pablo no lo puede evitar, ya que él también sabe la historia que mi abuelo Víctor, que en paz descanse, me contaba de niño.
Este nos contaba a mi hermano y a mí, como unos primos suyos habían encontrado una olla repleta de monedas de oro antiguas empotradas en un muro de su vieja casa. Esa historia nos condiciona a todos cada vez que exploramos cualquier ruina. Sabemos que a veces “la magia” existe, y aunque nunca encontraremos nada y no sabemos hasta qué punto se ajusta a la verdad la historia de mi abuelo, sólo el hecho de imaginarlo nos hace disfrutar y rebuscar. A lo sumo solemos encontrar alguna llave antigua de hierro, algunas son un pequeño tesoro.




























































Volvimos sobre nuestros pasos, pero esta vez al cruzar el puente nos encontramos con tres niños que disfrutaban tirándose una y otra vez desde el mismo en una parte más profunda del río.
Hablamos con ellos y nos hicimos alguna foto juntos. Un poco más allá vimos algunos pescadores echando redes al río y también varias mujeres haciendo la colada encima de una piedra.
Volvimos satisfechos y asfixiados a la piscina del hotel, y aunque estuvimos tentados de bañarnos en el río con los niños (por aquí más limpio), había márgenes del río con zonas estancas y cierta suciedad que nos hicieron dudar. ¡Y mira que no hemos bañado en sitios extraños!
En la piscina del Bundelkhand Riverside nos unimos a Marga, Miguel y Hugo. Más tarde exploraríamos las terrazas del hotel desde donde se tienen unas vistas extraordinarias de Orchha con unas referencias diferentes.
La verdad es que el hotel está bastante bien para ir con niños, con enormes jardines y una piscina que sofocaba el calor monzónico y bestial.



Por la tarde Marga y yo fuimos a visitar el Chaturbhuj temple, dejamos a Hugo en el hotel con Miguel y Pablo. La verdad es que como hermanos mayores son fenomenales cuidando de su hermano. Miguel con 17 cumplidos en el viaje y Pablo con 14 son muy cariñosos y responsables con Hugo, por lo que nos quedábamos bastante tranquilos dejándoles en los jardines y piscina del hotel.
El templo de Chaturbhuj fue construido entre 1558 y 1573. Con una arquitectura parecida a una catedral europea, incluso con enormes agujas apuntando al cielo y con una sala en forma de cruz en donde se rinde culto a Vishnu. La subida por sus empinadas y retorcidas escaleras para subir a los diferentes niveles resulto de lo más misterioso. Arriba las vistas son magníficas y pudimos ver como los buitres estaban encaprichados con los diferentes y bellos chapiteles.


















































Volvimos al hotel, esa noche había actuaciones especiales con bailes y cánticos autóctonos. Nosotros nos retiramos pronto, ya que al día siguiente cogeríamos nuestro primer tren de los cinco que tomaríamos en India. Tren desde Jhansi a Agra y que salía a las 5:32 de la mañana y llegaba a las 7: 55.
Los billetes los habíamos comprado todos por Internet desde España, tres meses antes, ya que si no uno corre el riesgo de quedarse sin billete o sin la posibilidad de elegir.

El tren en la India es toda una aventura, sobre todo por sus ocho categorías diferentes que tiene el viajero para elegir acomodo , las diferencias de unas estaciones a otras para situarse en el sitio correcto dentro del andén a la hora de esperar el tren y las curiosas aventuras interiores.

Pero de eso ya hablaré en un post concreto para trenes.


1 comentario:

  1. Que maravilla de viaje y que bien explicado para la gente que tiene niños, es estupendo que disfruteis tanto de los viajes y seais tan atrevidos

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