viernes, 21 de enero de 2011

Agra





A las 5:32 de la mañana salía nuestro tren desde Jhansi (muy cerca de Orchha) hasta Agra.
Un trayecto de 2:15 horas y nuestro estreno en tren en la India. Luego realizaríamos cuatro viajes más en tren.
Pronto descubrimos que el caos de la India también afectaba al servicio de trenes, y no me refiero a retrasos y que no tuvimos ninguno, si no a su organización en las estaciones y al sistema de acceso a los trenes.

Recordábamos la eficiencia China en nuestros viajes en tren por aquel país, donde todo estaba medido, incluso en un momento dado podían acompañarte al andén si hiciere falta en alguna estación. Las plataformas o andenes de espera siempre estaban claras en cualquier estación desde mucho tiempo antes de venir el tren.
Pero aquí en la India todo dependía de la estación y la “suerte”.
Uno preguntaba de qué andén o plataforma salía o paraba el tren, y el trabajador de turno podía contestar con desdén que no sabía. En otras ocasiones estas indicaciones venían indicadas en grandes tableros electrónicos. En estaciones secundarias, nada de nada.




Pensábamos que un viaje de 2:15 horas sería un buen comienzo para hacernos una idea de cómo funcionaban los trenes en la India.

Nosotros habíamos comprado todos los Tickets por Internet, y llevamos impresos esos papeles, con la categoría y los números de asientos correspondientes.

Una de las dificultades de este tren radicaba en que no salía del propio Jhansi, ya que venía desde lejísimos por lo que no sabíamos si llevaría retraso, y lo que es peor , al ser Jhansi estación de paso y no punto de partida no teníamos mucho tiempo para coger el tren, apenas 5 minutos. Esto implicaba que deberíamos afinar mucho el lugar donde se debe esperar el tren, ya que estos son muy largos y si tu tren va a parar sólo cinco minutos debes acertar en ese tiempo con los vagones de tu clase elegida. Si no es así puede que estés demasiado desubicado, y te cueste volver a tu asiento correcto. Según el tren y el capricho, uno puede recorrerlo por ciertos vagones, pero no puede hacer el recorrido completo del tren. Normalmente uno puede caminar y atravesar el tren desde 1 clase [ First Class (1A) ] hasta [Sleeper(SL)] por lo que recorres 6 categorías. Pero a partir de Sleeper no se tiene acceso al submundo de las dos categorías siguientes, en algunos trenes una más. En total pueden ser hasta 8 clases. Si tiene la mala suerte de subir en una de las categorías posteriores a sleeper, uno tendrá que bajar en la siguiente estación de parada y subir al siguiente “corredor”. A veces esa estación se puede hacer esperar.
En fin, mejor acertar a la primera, aunque lo importante es no perder el tren, lo demás tiene solución.

























































A las 4:30 dejamos nuestro hotel en Orchha, un taxi nos llevó a la estación de Jhansi.
Nada más bajarnos del taxi vimos que cientos de personas estaban sentadas o tumbadas en los alrededores de la estación, y otros tantos en los andenes o vestíbulos.
Preguntamos hasta tres veces por nuestra plataforma o andén en una oficina. Después de preguntarse unos a otros nos aclararon nuestro andén, vía 4.

Recorrimos por un puente peatonal el resto de las vías y llegamos a nuestro andén. Multitud de gente dormida en el suelo y a esas horas la impresión era tenebrosa, sobre todo porque vimos unas ratas como gatos campando a sus anchas alrededor de los durmientes ocasionales. Nunca más vimos una sola rata en el resto de nuestros viajes en tren, pero para ser nuestra primera impresión no estaba mal.
Enseñamos nuestros billetes a unos pasajeros que había en el andén para que nos orientaran el sitio exacto o aproximado de espera de nuestra categoría o vagón. Habíamos escogido tercera clase (AC3 Tier) con aire acondicionado ya que el trayecto era corto y las comodidades de esta categoría para este recorrido eran suficientes. Esta categoría consistía en unos asientos que luego se convertían en camas con unas cortinas generales sise quería algo de intimidad.




Descubrimos que uno debe fijarse en la clase o categoría en la que uno viaja, en nuestro caso AC3 Tier. Nada de número de vagón y número de asiento, bueno los asientos una vez dentro y no siempre (ya escribiré). Uno debe fijarse en los numerosos cartelitos luminosos (en la estación de Jhansi había cartelitos) en todos los andenes, cada 20 o 30 metros. En ellos aparecía el número de tren que iba a llegar en ese momento (importante para no irse al quinto pimiento en otro tren) con una antelación de 5 a 10 minutos. Una vez visto que es nuestro tren había que fijarse también en los mismos paneles luminosos en la categoría o clase donde se viajaba, se alternaba en los paneles el número de tren y nombre del mismo (Train# 2611 Nzm Garib Rath) y la categoría a que pertenecía la zona de subida donde estaba ubicado dicho panel. Cada categoría abarcaba una cantidad concreta de paneles. Por ejemplo la AC3 Tier aparecía en 4 o 5 paneles separados cada uno de ellos unos 20 a 30 metros, por lo que sabíamos que en esa zona de unos 100 metros era nuestra zona de subida.


























































Todo esto parece obvio, pero ese día lo fuimos aprendiendo sobre la marcha. A esas horas (5AM) nada era cierto y si te confundías y te metías en un tren diferente o dejabas pasar el tuyo no había marcha atrás, por lo menos en ese momento. Y os puedo asegurar que de madrugada con tres chavales y nuestro bautizo trenil nada estaba claro.
De todas formas sobre los trenes en la India escribiré un post completo con más detalles.


Al final acertamos y encontramos nuestros asientos sin dificultad.
Luego veríamos en otros viajes en tren que no todas las estaciones tenían estas indicaciones luminosas en el andén.
Tuvimos que desalojar a dos hombres de nuestras literas. Nos acoplamos en el tren que iba bastante abarrotado y pudimos dormir casi 2:30 horas hasta Agra.
Nuestras siguientes categorías en tren serían AC First Class o AC 3 Tier.

Llegamos a Agra a las 7:55 de la mañana con los cuerpos entumecidos pero con las ganas intactas.
Habíamos oído-leído como bastante gente decía que era una ciudad fea, poblada y excesiva, que no merecía la pena si no fuera por El Taj Mahal y el Fuerte rojo.
Nosotros después de mucho meditar decidimos no pasar ninguna noche allí. Simplemente vimos lo que nos interesaba y después tomaríamos el tren de la tarde 17:40 -6:10 Agra-Udaipur. Luego la ciudad nos gustó más de lo esperado, uno va con una idea concreta y la ciudad te sorprende.



Lo primero que hicimos al llegar a Agra fue confirmar nuestros billetes de la tarde, puesto que solo teníamos dos confirmados y tres en lista de espera, eso sí con buenos números (1º 2º y 3º). Nos dijeron que una hora o dos antes nos los confirmarían y darían número de litera.
Después de la gestión de los billetes de tren, en la misma estación intentamos “apalabrar” un taxi que nos sirviera hasta nuestra partida en tren a Udaipur. Este nos serviría también de consigna y nos despreocupábamos por completo de las maletas. Había leído algunas cosas negativas de las consignas de estación si es que las había y bastante teníamos con nuestra perdidas de maletas facturadas en el avión.
Después de varios regateos conseguimos uno con aire acondicionado y amplio.
Según nos dirigíamos al Taj Mahal el taxista nos felicitaba por nuestra gran suerte ya que ese día (11 de julio de 2010) era día de libre entrada en el Taj Mahal, por lo que nos ahorramos un dineral de entradas para cinco, 80 euros aproximadamente.
Al principio no creímos al taxista y pensábamos que nos tomaba el pelo, pero pudimos comprobar realmente como la suerte nos acompaño ese día.



















































Historia del Taj Mahal


En 1607 el por entonces príncipe Kurran heredero del gran Imperio Mongol conoció a una joven persa-musulmana.
El príncipe a pesar de su alta alcurnia no descuidó su educación y estudió lógica, matemáticas, gramática, astrología y geología además del idioma árabe y el persa.
Según la leyenda, conoció a esta cuando ella se probaba un collar en un bazar. Entonces tenía 15 años, se llamaba Arjumand y era hija del primer Ministro de la corte.
Al coronarse tomo el nombre de Shah Jahan.
En principio el príncipe se vio obligado a tomar a una princesa por esposa, pero se casó con ella en segundas nupcias cinco años después en 1612. Arjumand pasó a llamarse Mumtaz Mahal, la elegida del palacio. En 1631 después de 19 años de matrimonio ella murió después de tener una niña. El emperador musulmán se sumió en una gran pena y construyo la tumba más hermosa jamás construida en su memoria, en la que participaron 20.000 soldados y 1000 elefantes.




































Se construyo ese gran mausoleo en mármol blanco junto al río Yamuna.
Se dice que en su interior y exterior el Taj Mahal fue adornado por piedras preciosas. El emperador llegó a la ruina y perdida de su trono debido a esto entre otras cosas. Hubo una gran disputa por su trono y al final su hijo Aurangzeb y le mantuvo prisionero hasta su muerte en el Fuerte de Agra.
El Emperador falleció en 1666 y fue enterrado junto a su amada.
Se cree que nombre de Taj Mahal proviene de una abreviatura de Mumtaz Mahal, la elegida del palacio.

Agra situada en el estado de Uttar Pradesh, capital del Imperio Mongol entre 1526-1857 y fundada por Bubar descendiente de Gengis Khan tras conquistar el Norte de India.
En la arquitectura Islámica , la geometría, simetría y equilibrio son signos de identidad en un todo armónico y donde las construcciones se orientan a la Meca o Ciudad Santa.
Todo el mundo destaca en el Taj Mahal la perfecta armonía y simetría de todo el recinto, jardines, estanques, mezquita y réplica.
Curiosamente era costumbre entre los Emperadores mongoles construir fabulosos palacios que a su muerte se transformaban en sepulcros para ello y sus esposas, pero sin duda ninguno como el Taj Mahal.


Y NOSOTROS ¿CÓMO LO VIMOS?


Poco apoco nos aproximamos al inmenso recinto rectangular donde se aloja el Taj Mahal con sus jardines fuentes y la mezquita con su jawab o respuesta.
Las callejuelas de la puerta sur están llenas de tiendas que venden baratijas y replicas reducidas del Taj Mahal junto a tiendas de comestibles y bebidas.
El día era soleado por momentos lo que nos daba un toque de optimismo a todos y para mí era media vida que luciera el sol aunque fuera parcialmente, entre momentos nublados y mixtos.
Estaba dispuesto a ver la India en color grisáceo algunos días debido al monzón, pero para el Taj Mahal necesitaba algo de luz y color. Quería ver los jardines, sus aguas y el mármol blanco amoldándose a los caprichos de la luz del solar, de los cielos azules. Y la suerte estuvo con nosotros en este aspecto con momentos de sol, de nubes y mezcla de ambos. Pero con la luz agradable y cálida por momentos que yo buscaba.

Nada más entrar la impresiónate puerta de entrada en piedra de arenisca roja, que representa en el mundo islámico una puerta de entrada al paraíso, a uno se le corta la respiración y la emoción es incontenible. Para algunos de nosotros era una autentico estado de shock. Allí a 300 metros se veía la belleza absoluta, grande, blanca, imponente, perfecta, armónica. Y los “aderezos” a semejante obra eran perfectos.
A veces una gran obra está desafortunadamente encerrada en un contexto triste o reducido. Pero el Taj Majal tiene un contexto celestial, el que buscaban sus constructores. No ver esto es imposible.




Pasar la puerta Sur y se abren los horizontes, al fondo el mausoleo de mármol blanco lejos todavía y una hilera de aguas encauzadas que suavemente obliga a la mirada a dirigirse hacia él. Son cuatro los canales de agua que se cruzan en el centro donde se halla una pila o estanque y que representan los 4 ríos, de los que, según la tradición, manaba agua, leche, vino y miel.
Jardines inmensos a ambos lados de las aguas. La Mezquita y el Jawad flanqueando en piedra de rojo arenisca al blanquísimo mausoleo, dándole el toque armónico definitivo. Este elevado, como flotando, y detrás el cielo azul.
Sobrecogedora visión nada más entrar en el recinto. Todos estábamos sorprendidos, no es igual verlo en fotos o videos, en ellos no se aprecian las grandes dimensiones ni los horizontes sin límite, ni tampoco el contexto maravillosamente armónico.
Y en medio de todo aquello, dándole el toque definitivo multitud de pinceladas de colores salpicando todo el recinto. Saris que lucen como acuarelas en los cuerpos de las mujeres y que aderezan y realzan los sobrios colores blanco y arenisco de las construcciones principales.



Todo era perfecto y después de una racha de nubes el sol volvía a salir.
Nos hicimos algunas fotos en la entrada con el canal de agua y al fondo el mausoleo. Poco a poco entre multitud de turistas indios nos fuimos acercando hacia el monumento principal y pudimos ser conscientes de su enorme belleza y dimensiones. Observamos su cúpula perfecta y sus 4 minaretes en perfecto perímetro rodeando la estructura principal y resaltando aún más la cúpula central. También pudimos apreciar sus cuatro torres octogonales formando un perímetro más pequeño y vimos el esquema de la flor de loto esculpida en las cúpulas.
Hugo decía que era el palacio de un gigante según nos acercábamos. Él llevaba una compacta en ese momento y tiró algunas fotos imitando a todos los que había a su alrededor.

Más cerca ya se apreciaban las bellísimas incrustaciones con escrituras del Corán en piedra negra y los vanos (por donde entra la luz en los edificios) con incrustaciones de coral, jade, lapislázuli y ámbar. La armonía del mausoleo estaba presente en muchos detalles, como por ejemplo que las esquinas de sus cuatro fachadas terminaran en chaflán, por lo que las formas de la construcción se suavizaban muchísimo.
























































Vimos más incrustaciones, esta vez en relieve y también del Corán. Les comenté a los niños que las letras se veían del mismo tamaño, ya que los constructores las hacían más grandes según se alejaban en altura de la visión humana, esto daba la sensación de que todo el texto y letras eran del mismo tamaño. Aunque Hugo no me creyó y dijo que todas eran iguales. ¿A quién iba a creer? ¿a su padre o a sus ojos que veían todas igualitas ? Así que no hubo manera de convencerlo. Lo que corroboró el trabajo bien hecho de los constructores.
La gente recorría el recinto por todos los lados. Sus 580 metros de largo por 305 m de ancho dan para mucho e intentan imitar un paraíso terrenal ayudado por su armonioso y enorme jardín cuadrado de 300 metros, cuyo eje de Sur a Norte va desde la puerta de piedra de arenisca al mausoleo. Los canales tienen fuentes y están delimitados por cipreses.
Llegamos al mausoleo elevado sobre un talud o tarima de 7 metros de alto, también en mármol blanco, lo que da la sensación de estar flotando a toda la construcción cuando es visto desde cierta distancia, tanto vista desde el rio Yamuna como desde la puerta Sur.



Teníamos que dejar nuestro calzado antes de subir el talud, Marga y yo íbamos sin calcetines, Miguel, Pablo y Hugo con ellos. Al llegar arriba había que rodear el mausoleo en una ordenada fila que daba la vuelta a todo el perímetro.
Mientras dábamos la vuelta pudimos apreciar mejor sus grandes nichos abovedados con motivos florales de tulipanes, narcisos y rosas en relieve.

Pero la magia se evaporó por unos instantes; estábamos en verano y en pleno monzón, el calor era el de siempre, descomunal, y la fila de indios y turistas descalzos dejaba un reguero de sudor en el suelo ineludible, tanto en las alfombrillas grises por donde discurría la fila, totalmente empapadas, como en sus aledaños. Este reguero de sudor había que pisarlo sí o sí. En realidad era una “sopa” caliente.

No tardamos mucho en entrar pero en el interior la aglomeración era mayor y el calor todavía mayor. Marga, Hugo y yo pudimos ignorar la “sopa”, pero Miguel y Pablo se empeñaron en retroalimentarse el uno al otro con comentarios acerca de el “caldo”. En ese momento dejaron de ver el Taj Mahal como algo maravilloso y empezaron a pensar en cómo escapar del perímetro inmediato.
Pasamos al lado del sepulcro, justo debajo de la cúpula, aunque los auténticos sarcófagos se encuentran en una cripta al nivel del jardín.


















































Curiosamente el interior del mausoleo es frío e insípido
, y no crea nadie que esta afirmación se ve influenciada por la “sopa”. El mausoleo del Taj Mahal por fuera es insuperable, pero el interior parece lo que es, una tumba o mausoleo claustrofóbico. En ese sentido, y aunque no son comparables, creo que la catedrales europeas superan con creces en su interior la belleza del Taj Mahal. Sin embargo, el exterior arquitectónico del mausoleo y conjunto del recinto, es extraordinariamente bello. Casi insuperable.

Salimos del interior y nos dirigimos a la parte de atrás del mausoleo, en un mirador esplendido sobre el rio Yamuma y con hermosas vistas al Fuerte Rojo.
Al salir vimos como algunos turistas llevaban sus patucos de plástico sobre los pies o sobre el calzado, y por lo tanto no tenían que pisar la “sopa” Nosotros teníamos unos patucos de plástico de piscina, que no pudimos utilizar ya que eran parte del “botín” de maletas perdidas. Aun así, luego nos enteramos que se podían adquirir patucos antes de entrar al interior del mausoleo, aunque nosotros no vimos donde adquirirlos.























Nos adentramos en la mezquita y nos sentamos en los jardines descansando y asimilando la belleza del lugar. Miguel y Pablo pronto olvidaron los ríos de sudor sobre el mausoleo. Se disponían en ese momento a alimentar a base de patatas fritas a una pequeña ardilla de las muchas que pululan por los jardines. Hugo era el que llevaba la voz cantante y el que se aproximaba lentamente al animal con una patata en la mano.


Después del visitar el Taj Mahal nos fuimos a almorzar. Era temprano y aunque habíamos dado buena cuanta de nuestras provisiones, nos fuimos a comer algo en condiciones.
Allí en la India simplemente comíamos cuando convenía o simplemente teníamos hambre.
Después del almuerzo iríamos a ver el Fuerte Rojo.



Fuerte Rojo o Lal Qila


Construido en piedra de arenisca roja en 1565. El palacio tiene preciosas murallas de 20 metros de altura y un gran foso de agua y está a tan sólo unos 2,5 km dl Taj Mahal.
La fortaleza está compuesta de varios palacios y edificios en su interior y fue construido por el emperador Akbar y fue la residencia de dos emperadores mogoles más, Shah Jahan y Aurangzeb. Cada uno de ellos fue agregando más componentes a la fortaleza.
Antiguamente la fortaleza tenía cuatro puertas, hoy sólo dos: La Puerta de Delhi es la más grande, y conduce a un interior llamado Hathi Pol o Puerta de los Elefantes. Un puente levadizo conduce hacia ella. El ejército indio sigue utilizando esta puerta, por la que no pueden acceder los turistas, que entran por la Puerta de Lahore.
La Puerta de Lahore pasó a llamarse puerta de Amar Singh cuando los británicos le cambiaron el nombre. Es muy parecida a la Puerta de Delhi, también en piedra arenisca roja, pero más pequeña.























La fortaleza tiene 3 km de largo y aloja en su interior salones de audiencias para reyes y presidentes, grandes palacios, pabellones, mezquitas.
Se combinan diferentes estilos arquitectónicos y dentro sólo se visita el sector oriental con las dependencias antes señaladas, donde las mezquitas tienen combinación de estilos mongol e hindú. El resto de la fortaleza está bajo ocupación militar.
Destacan la mezquita de la Perla y la torre del Jazmín, donde fue encerrado el emperador Shah Jahan hasta su muerte por su propio hijo después de haber construido el increíble Taj Mahal.
Dentro de la fortaleza destaca también el Jahangiri Mahal y junto a este el Khas Mahal (salón de mármol).
El fuerte Rojo es patrimonio de la humanidad y es considerado la fortaleza más importante de la India.
A esas horas hacia bastante calor, pero nuestro ánimo estaba intacto. Mucha gente visitaba el Fuerte Rojo en ese momento y sus diversas dependencias, a pesar de todo había momentos y lugares donde uno podía encontrarse solo debido a la grandeza del complejo.
Nuestro recorrido por el fuerte, discurrió con normalidad, siempre con nuestras botellas de agua a cuestas. Hugo iba corriendo de un lado para otro, parecía que el calor asfixiante no contaba para él. En un pasadizo, descubrió todo sorprendido, un grupo de murciélagos adheridos a una pared sombría. Por supuesto esta visita no programada tuvo un tiempo extra de contemplación y deleite del pequeño de la casa.
















Después de un recorrido bastante completo dejamos el Fuerte Rojo, bellísimo en su roja piedra de arenisca, esplendoroso y majestuoso, complemento perfecto del Taj Mahal en Agra.

A la salida compramos algunas baratijas a unos vendedores ambulantes. Después nos fuimos a un ciber para contactar con la familia y que tuvieran señales de nuestras andanzas indias.
Encontramos un Coffee Shop en Agra y aprovechamos para tomarnos Marga y yo un café en condiciones no siempre a mano en la India. También tuvimos tiempo para merendar y reponer fuerzas, a una temperatura divina de 23 grados, el paraíso comparado con los 44 de Agra ese día.
El ese café había un grupo numeroso de jóvenes estadounidenses con el que luego coincidimos en la estación de trenes.
Mientras estábamos en la cafetería completamente relajados cayó un diluvio monzónico, de esos que no habíamos visto apenas durante nuestro recorrido. Fue sólo 40 minutos, pero parecía que estaban regando con mangueras desde el cielo, la cafetería incluso llegó a inundarse en su entrada.






















A las 17:40 salía nuestro tren camino de Udaipur. Esa noche, 11 de julio, jugaba la final del mundial de fútbol España con Holanda, pero no hubo manera de cambiar los billetes. Así que no tuvimos más remedio que verlo en diferido al día siguiente, ante el disgusto de mi hijo mayor, Miguel.

Esta vez teníamos billetes en primera clase (AC First Class), también era el único recorrido donde sólo teníamos dos billetes confirmados y tres en lista de espera (el numero 1, 2 y 3), por lo que las posibilidades de ir todos en primera eran casi del 100%. Ya explicaré lo de la lista de espera en el post de trenes en India.
El resto de nuestros viajes en tren estaban confirmados y sin lista de espera.

Llegamos a la estación 1hora antes de la salida y conseguimos ubicarnos en el lugar del andén correcto a la espera de nuestro tren. Esta vez era más fácil ya que la estación de Agra Cantt era el punto de partida del tren y este permanecería un buen rato en la estación.
Antes habíamos pasado por las oficinas para que nos dieran los números de nuestros compartimentos y literas. Curiosamente cuando uno saca los tickets por Internet en todas las clases te conforman el número de asiento o litera. Pero en primera clase no. Es el mismo día de partida cuando te confirman tus asientos exactos.













Había como siempre gente durmiendo en la estación y alguna vaca suelta.
Un muchacho de unos 17 años se me ofreció para arreglarme las sandalias mientras esperábamos. Resulta que la puntera de la parte intermedia de esta se había despegado debido al enorme calor (monstruoso) en la india en julio. A Pablo se le habían despegado por completo las dos suelas de sus Nike en un derretimiento absoluto, donde incluso el pegamento de la suela chorreaba del horno autentico al que se ven sometido el calzado en la India. Además Marga, Hugo, Miguel y Pablo no podían disponer de sus sandalias al desaparecer en el vuelo Madrid- Estambul- Delhi. Sólo yo que no había facturado casi nada disponía de lo poco, en este caso muchísimo, que había metido en mi escaso equipaje. Así que pude dejar a Pablo, cuando se quedó sin calzado, mis zapatillas de trekking.
El muchacho indio cosió con gran presteza ayudado de un buril la puntera de mis sandalias con un hilo fortísimo y quedaron impolutas y como nuevas. Mis queridas sandalias todo terreno estaban de nuevo como perlas.
















Antes de subir al tren habíamos comprado provisiones (algo de picar y bebidas) aunque luego en el tren uno podía tener acceso a cena y bebidas.
Entramos al tren y ocupamos un compartimento cerrado de cuatro literas relativamente grandes y cómodas para un tren. Tan grandes eran, que Hugo podía dormir con otra persona tumbada en sentido contrario y dormir los dos a pierna suelta.
Al ser 5 personas, en realidad nosotros teníamos 3 literas en un compartimento y 2 en otro, por lo que al meternos todos en un compartimento de cuatro, le estábamos quitando una cama a una persona que viajara sola con tres de nosotros. Cuando llegaba la persona, a esta no le importaba dormir en el compartimento de al lado, en el que teníamos dos camas, por lo que podía incluso elegir. También el revisor no puso pegas a nuestro cambio, por lo que imaginamos que debía estar acostumbrado a este tipo de “trueques”.
Más adelante explicaré lo de los compartimentos privados, que pueden ser de 2, 4 y 6 plazas, no existiendo estos últimos en muchos trenes.
Forradas en agradable tela roja, en este tren las literas parecían bastante nuevas. Rápidamente Hugo y Pablo se encaramaron a una de arriba u construyeron una especie de fortín con las mantas y almohadas.


























Nos esperaban 12 horas en tren, pero en una condiciones muy cómodas y con la aventura del tren en si mismo, que no dejaríamos de explorar.

Pedimos unos pollos con arroz para cenar, cuando los trajeron a las 10 de la noche estábamos fritos, ya que había anochecido hacía mucho y los últimos días de trajín habían sido bastante movidos, entre otras cosas porque la mañana anterior nos habíamos levantado alas 4 de la mañana. Así que hubo que hacer un esfuerzo para comer, Hugo y Pablo no se despertaron.

A las 3:30 de la mañana me desperté en una parada y me di un paseo por el tren, asomé la cabeza por la puerta de un vagón y pregunte a tres indios que estaban sentados sobre sus maletas quien había ganado la final del mundial de fútbol. Ellos me dijeron que creían que había ganado España pero no sabían si de 1 o 2 goles.

Volví al compartimento y seguí durmiendo, antes le dije a Miguel que España había ganado, aunque no estaba seguro del todo.
Al día siguiente veríamos repetida la final en el hotel de Udaipur.







INSECTOS Y PALABRAS